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Gentlewoman, Story nº 7

Vivir como práctica estética*. En eso podría resumirse su deseo de existencia. Una manera de estar en el mundo que sea a la vez perceptiva y creativa. Atuendos que, como dispositivos a la espera, se accionen con el uso, se conviertan en reflexiones activas sobre razones y emociones, sobre las formas del arte y sus cualidades; sobre lo eminente, lo feo o la disonancia, sobre el habitar y el habitarse…Que sean también una lectura y una escritura de los lugares por donde pasa. Atraviesa uno el territorio, y su recuerdo, pero ¿podremos algún día elaborar la traducción de los recorridos, efímeros o rituales, en una forma, y convivir con ella estrechamente? Hay intentos

por todas partes, intuiciones, pero aun así, el deseo se resiste a ser cartografiado. ¿No querrá orientarse? ¿O es que su sentido de la orientación es muy distinto? Parece decir: Errar, errar con placer. Y que vuestra indumentaria sea geografía de acontecimientos, piel. No más puntos de referencia que aquellos basados en un cotidiano alejamiento y una cósmica proximidad. Cómica también, sin duda. Como si la belleza fuera provisional y hubiera que vivirla realmente. Con una insistente similitud con todo lo que está a punto de darse la vuelta y desaparecer. Algunos piensan que la belleza descansa en la forma. Pero no, es la búsqueda, esa lucha, si acaso, lo que a veces encuentra allí respiro. Porque no hay descanso para la belleza, nunca la ha habido. No hay forma.

AFM.

*del griego αἰσθητική [aisthetikê], ‘sensación’, ‘percepción’, y este de αἴσθησhις [aísthesis], ‘sensación’, ‘sensibilidad’, e -ικά [-icá], ‘relativo a’.